BELLE EPOQUE 1996

Maduro a pesar de su frescor.
Sorprendente paradoja e inesperada dualidad.
La pátina del tiempo.

belle epoque 1996

Notas de elaboración del vino

Una sorprendente ilustración del arte de la añada según Perrier-Jouët

Una añada singular, confiada durante largos años al silencio de las bodegas Perrier-Jouët, una auténtica expresión de la tradición transmitida desde 1811.

Desde 1811, la Maison se encarga de perpetuar el arte de la añada. Primero se seleccionan vinos elaborados en años notables, luego se confían estas añadas singulares al silencio de sus bodegas. Mientras que cada uno de estos vinos posee las características particulares del año que los vio nacer, todos ellos ilustran la excepcionalidad de los viñedos Perrier-Jouët. 65 hectáreas que se han clasificado con un 99,2% en la «escala de Grand Crus». Estos viñedos se sitúan en el llamado «triángulo mágico de Champagne». Una ubicación perfecta que confiere gran madurez a los Chardonnays, con generosos aromas de flores blancas, a imagen y semejanza de la espiral de anémonas japonesas de su botella, diseñada en 1902 por Émile Gallé.

Una naturaleza enaltecida por el saber hacer de la Maison y perpetuada durante más de dos siglos por tan solo siete Chefs de Caves. Todos ellos encontraron un maestro en su antecesor, como los artesanos que transmiten celosamente sus secretos de padres a hijos, asegurando así la longevidad del peculiar estilo que caracteriza a Perrier-Jouët. Hervé Deschamps, actual Chef de Caves y guardián de estos preciados conocimientos desde 1993, trabajó diez años junto a su predecesor hasta alcanzar la maestría necesaria para dominar las sutilezas del estilo de la Maison y su tonalidad floral única. Concibiendo cada cuvée como una obra de arte única, Deschamps modela y cincela, con la atención de un artesano, cada uno de los vinos que componen el ensamblaje de sus creaciones para así obtener la elegancia y finura propias del estilo Perrier-Jouët.

1996 fue un año excepcional. A pesar de la climatología difícil, el mosto alcanzó un equilibrio perfecto entre azúcares y acidez y presentaba unas perspectivas de longevidad prometedoras. Hoy sabemos que aquellas promesas se han cumplido en una cuvée especialmente sorprendente. El ensamblaje lo componen un 50% de Chardonnays de los Grand Crus de Cramant, Avize y Chouilly; un 45% de Pinot Noirs de los Grand Crus de Mailly, Aÿ, Verzy, Cerzenay y Bouzy; y un 5% de Pinot Meuniers (Dizy, Hautvillers, Venteuil).

Un distinguido cofre de madera, grabado con las emblemáticas anémonas y la añada, es la presentación idónea para este vino singular.

Descubra más acerca de la constancia sin concesiones de la Maison Perrier-Jouët

 

Notas de cata

La añada más sorprendente y rica en contrastes de Perrier-Jouët

Madurez y frescor se unen en una ilustración tan sorprendente como excepcional del estilo Perrier-Jouët.

Por primera vez desde su fundación en 1811, la Maison Perrier-Jouët ha abierto sus puertas para desvelar añadas singulares que habían permanecido guardadas en sus bodegas como un secreto. Hervé Deschamps ha realizado una selección de botellas de la cuvée Belle Époque que son prácticamente imposibles de encontrar a día de hoy: 1982, 1985 y 1996. No han perdido ni un ápice de su autenticidad con los años y representan el testamento de un estilo único e inquebrantable, reconocido por sus aromas florales, elegantes y cincelados.

«Desvelar estos vinos significa compartir lo que sentí al crearlos. Estos vinos cuentan una historia rica en emociones humanas».

Hervé Deschamps, Chef de Caves

Vista:

La vista se ve irremediablemente atraída por los reflejos de un brillo sutil sobre el manto amarillo dorado, adornado por finas y persistentes burbujas.

Nariz:

Fino y delicado en nariz, presenta aromas de frutas maduras, amarillas y ácidas que evolucionan rápidamente hacia una fragancia de cítricos confitados y mermelada de naranja, para culminar con unas notas dulces de mantequilla y un perfume final de caramelo de leche.

Gusto:

El paladar se ve inmediatamente capturado por un toque de acidez, cuya gran persistencia hace resurgir el magnífico bouquet floral de la añada.

«Una piedra preciosa a la que sólo el tiempo puede prestar su pátina». Hervé Deschamps, Chef de Caves.

«Una piedra preciosa a la que sólo el tiempo puede prestar su pátina».

Hervé Deschamps, Chef de Caves.

Descubra las otras añadas singulares de Perrier-Jouët Belle Époque: 1982 y 1985

 

Beauting: Las armonías
de Perrier-Jouët

Madurez y frescor.

Una sorprendente paradoja que desvelará toda su dualidad ante los contrastes.

En 1902, Émile Gallé creó una delicada espiral de anémonas que se grabaría en las más prestigiosas cuvées de champagne Perrier-Jouët. Desde entonces, la Maison ha permanecido fiel a su patrimonio artístico. De esa misma tradición nace Beauting: una visión de la gastronomía que une lo Bello con lo Bueno para transformar cada plato en una obra de arte en perfecta armonía con una cuvée. Una experiencia sensorial única, tanto visual como gustativa.

La inesperada dualidad de esta añada singular desvelará la riqueza de su universo al acompañarla de finas aves, servidas con un salteado de champiñones y chalotas a la crema. Hallará una notable resonancia en el cítrico dulzor de un magret de pato a la naranja.

Descubra las otras añadas singulares de Perrier-Jouët Belle Époque: 1982 y 1985

 

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